Encontrar las palabras elementales. Aprender cómo decir perdón en el idioma del que irrumpe, y buenos días, y toma, y he venido a conocerte, aprender cómo decir gracias en el idioma de los que también rasgan y también se desgarran, cómo decir café, cariño, patria, shalom, salam aalaikum, aprender cómo se dice pasa, entra, esta es mi casa en un país al sur del que apenas quedan ruinas, aprender obrigada, spasiba, aprender qué colores no existen en las lenguas de África. Y cómo responder que sí en Pekín. Poder hacer el amor gritando a cada cual en su lengua. Llegar a las ciudades y descubrir los entresijos del mercado, entender , aprender cuál es en cada tierra la etimología de alma, y de qué modo saludaban al miedo mis bisabuelos.
Encontrar las palabras elementales. Y luego hablar.
Me miraste. Tus ojos oscuros y tranquilos. Esa manera tuya de reírte con cuánta serenidad. Fuiste el nombre que tuvo mi nostalgia, lo que nunca sería, lo más bello, la muralla guardada por un puente levadizo, la sombra y el milagro. Ahora ya no tienes poder para turbarme, y guardo sin embargo este profundo temor ante tus ojos. Porque son la ceniza de una hoguera que puede chamuscarme todavia.